Primeras impresiones.

img_20161113_161516363Un par de cosas, más bien tres, nos llaman muchísimo la atención como recién llegados a los Países Bajos. Y no porque no las esperáramos. Son solamente intuiciones de primerizos, o tal vez vemos aquello que veníamos buscando. De cualquier manera ahí van:

En primer lugar impresiona lo cuidado de sus espacios naturales y la importancia de integrarlos en las ciudades. No importa la escala, siempre los ponen en valor. Percibimos una buena predisposición a la conciencia medioambiental.

En segundo lugar sus famosas bicicletas, que están por todas partes. Seguramente no se entienden la segunda sin la primera y, a decir verdad, es un verdadero placer verles montar sobre sus bicis bajo la lluvia y el frío arrugando ligeramente la nariz. No sé, me da buen rollo la gente que enfrenta así de bien las pequeñas adversidades; y no son uno ni dos, pues se juntan auténticas “montoneras” de bicicletas. Eso sí, ni un solo casco.

La tercera es que no hemos encontrado una sola persona que se haya disculpado por no hablar inglés. Se muestran además muy abiertos y receptivos con los visitantes. Por la noche, ya con nuestro contacto en la ciudad, descubríamos con asombro que durante los tres primeros cursos de la eso son tres las horas que le dedican al aprendizaje del inglés y una hora más en cuarto. El resto de las asignaturas, para nuestra desgracia como visitantes, se imparten en Holandés.

Por lo demás Eindhoven, hasta donde hemos podido ver, es caótico en cuanto a su urbanismo. Lo viejo se mezcla con lo nuevo; el uso residencial con el industrial, pero es cierto que esto mismo le confiere a la ciudad cierto atractivo. Estos días luce especialmente glamurosa debido a la celebración del GLOW FESTIVAL.

Os acompañamos algunas fotografías que ilustran esta segunda entrada del viaje.

 

 

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